Las políticas educativas actuales conciben a la Literatura como un espacio curricular autónomo, este posicionamiento permite complejizar el abordaje de dicho campo de conocimiento y propicia la adquisición de competencias y destrezas específicas para las futuras profesoras en el área. El amplio e histórico conocimiento literario se transforma en el saber disciplinar que, junto con el conocimiento pedagógico, dará lugar a transposciones pensadas para que los docentes apliquen en nivel primario.
Como primer paso en este intento por definir los alcances del espacio curricular, es importante mencionar la concepción expresa -en los documentos oficiales- del rol del maestro como mediador. Esta definición resulta clave para entender la tarea del docente del nivel primario cuyo principal objetivo consiste en dar continuidad a la formación de lectores de literatura, tarea que la escuela en su conjunto ha asumido. El logro de tal desafío resulta posible a partir de una serie de decisiones y acciones que trascienden la figura específica del maestro en el aula, pero delimitan un camino que abre la puerta a prácticas de enseñanza específicas y a dinámicas de trabajo fundadas en tal objetivo.
El trabajo del mediador implica fundamentalmente trabajar con textos literarios "potentes", este trabajo sólo es posible si el docente cuenta con un criterio acertado a la hora de seleccionar los textos literarios que llevará al aula. Construir este criterio, lograr que los estudiantes de los profesorados incorporen hábitos lectores o los profundicen, es uno de los propósitos de este curso. Es posible identificar entonces, un aspecto común del espacio curricular Literatura, con otros espacios curriculares como Matemáticas o Geografía: la transmisión sólo es posible si el docente (mediador) tiene un conocimiento profundo; en el caso puntual de la Literatura, si es un lector avezado.
Otro avance a la hora de delimitar la tarea del mediador en la enseñanza y transmisión de la Literatura en la actualidad consiste en comprender que ésto sólo es posible si en el aula se trabaja a partir de la lectura, la escritura, y la oralidad. Abordar este complejo ámbito de la cultura y sus creaciones, que representa la Literatura, resulta significativo si el docente crea un escenario en el que los estudiantes puedan trabajar a partir de la palabra hablada y escrita.
Con este propósito se forma a las futuras maestras en conceptos disciplinares y metodológicos que les permitirán desarrollar prácticas de lectura extensiva, intensiva; así como actividades de animación a la lectura. Es a partir de estas prácticas y de estos fundamentos, que podemos y debemos llegar a conceptualizaciones relacionadas a conocimientos de Teoría literaria, Historia de Literatura, Semiótica, etc.
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